Basta de contar calorías

La estresante tarea de contar calorías

Por la Dra. Mónica Katz, médica Especialista en Nutrición

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Seguramente muchas veces a la hora de elegir un alimento habrás “caído” en la tentación de mirar la etiqueta y elegirlo por su valor calórico o, lo que es peor, te habrás detenido a pensar el total de calorías que consumís en un día…

Pensalo: ¿cuántas veces contaste ovejitas para poder conciliar el sueño? ¿Una, dos, tres, diez? ¿Lo harías todos los días? ¿Y si tuvieras que hacerlo varias veces al día? Es un poco aburrido, ¿no? Y también agotador… Hacer cuentas no le divierte a nadie y, menos, si hay que hacerlo todo el tiempo. Con las calorías pasa lo mismo…

Calcularlas resulta tedioso e incluso difícil. Ni la ciencia ha encontrado hasta el momento un método eficaz y simple para contabilizarlas.

Por eso, cuando nos aconsejan que estemos pendientes de cuántas calorías consumimos, en lugar de tener en cuenta la calidad nutricional de lo que llevamos a la boca, ese sencillo encargo nos quita las ganas de todo. ¡Es que comer no puede ni debe convertirse en un ejercicio matemático! 

Y, sin embargo, lo hacemos. Contamos para quedarnos tranquilas, para ponerle un cerco a un posible desborde o descontrol. Contamos porque creemos que si contamos calorías nos aseguramos una buena alimentación. Nos convencemos de que si consumimos cierta cantidad de calorías podemos lucir el cuerpo que queremos. Pero, ojo, si sumamos un par más, ¡ay!, qué miedo, podemos engordar…

La realidad es que contar calorías no nos asegura una correcta nutrición, ni tampoco una figura ideal. Lo que sí nos augura es estrés. Es que, según estudios publicados recientemente, contar calorías estresa. Estar constantemente controlando, midiendo, contrastando información, hace que nos obsesionemos, y la obsesión nos hace mal.

Más que contar calorías, lo que nos facilita una alimentación saludable es preocuparnos por elegir alimentos que tengan un perfil nutricional adecuado y completo.

 

Porque, al fin y al cabo, para estar sanos necesitamos incorporar a nuestro menú 60 nutrientes esenciales. Y una buena manera de abandonar las matemáticas es consumir productos que, por la forma en que están envasados, representen la porción justa. Por ejemplo, como merienda, en lugar de ir en busca de un menú que contenga determinada cantidad de calorías, podemos optar por un pote o un vaso de yogur con cereales. También se lo puede combinar con alguna fruta y, por supuesto, elegir diferentes sabores y texturas e ir combinándolas. Consumir una unidad es una estrategia inteligente para estar saludable.

¿Sabías que el yogur es un alimento único? Porque a todos los beneficios de la leche se suma los beneficios del proceso de fermentación. El yogur es un alimento completo, tiene proteínas, calcio, vitamina A,D y del complejo B, independientemente de si es descremado o entero, y al ser un alimento fermentado, contribuye a una buena salud digestiva

En cambio, si contamos calorías (350 del desayuno + 500 del almuerzo, etc.) dependemos de nuestra memoria y nuestra memoria muchas veces falla. Además, hay alimentos que son difíciles de medir. ¿Cómo estimamos cuánta mayonesa pusimos en el plato? Claro que también podemos llevar un diario de comidas y anotar todo, todito, todo. Pero ¿y si alguna vez nos olvidamos?

Para las personas comer no es el eje de sus vidas. En realidad, están tratando de hacer más amigos, divertirse más, llevarse mejor con su jefe o vecino, llegar a fin de mes, enamorarse o planear su fin de semana largo.

Luego está la honestidad. No se trata de que las personas sean mentirosas. Se trata de que se les piden datos de consumo de alimentos que son demonizados por la cultura. Entonces, subregistran o subreportan lo que comen. Como para no quedar mal.

Lo cierto es que, tal como ocurre en todos los aspectos de nuestras vidas, el sentido común y la moderación nos aseguran decisiones inteligentes. Por ello, apelemos a estos atributos y comamos evocando el placer en la medida justa. Y dejemos los cálculos matemáticos para develar esos enigmas que verdaderamente nos desvelan todos los meses: ¿nos alcanza para pagar las cuentas? ¿podremos hacernos una escapadita el próximo fin de semana? ¿y si nos damos el gusto de comprarnos ese libro que hace tiempo queremos leer?

Qué es No dieta

La No dieta propone una nueva mirada acerca del tratamiento para el sobrepeso y la obesidad. Atrás quedaron los planes restrictivos, aquellos que reinaron el mundo de las dietas durante muchos años.

Una persona que sigue una filosofía No dieta puede comer de todo, pero en porciones pequeñas. Porque cuando prohibimos alimentos lo que generamos es un mayor deseo por los mismos. Es decir, si no nos dejan comer helado, lo más probable es que cuando entremos a una heladería no podamos pedirnos un pequeño cucurucho: seguramente iremos por el más grande.

Es por ello que permitirnos algo rico y chiquito todos los días hace que nuestro deseo baje. Porque si todos los días tenemos algo dulce, ¡eso dejará de producirnos la necesidad de devorarnos todo! Hay que legalizar el placer de comer, porque todos nacimos con derecho a comer y a sentir placer al hacerlo.

Los cambios en el estilo de vida son la mejor forma de adquirir y sostener en el tiempo un cuerpo cómodo y saludable. Y esto lo podemos lograr trabajando sobre tres aspectos: el movimiento de nuestro cuerpo, nuestra relación con la alimentación y las emociones y el estrés.

 Conocé más en el Centro Dra. Katz

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